Dando la batalla
en la cancha de la vida

Graduado de Narconon Mexico

De 1979 al 2003 estuve sumergido en el mundo de las adicciones. A los 13 años empecé a ver a un grupo de jóvenes que jugaban básquetbol en la esquina de mi casa y yo quería pertenecer a ese grupo. Sin embargo, al principio me retiraban y me decían que no querían que yo estuviera ahí. Seguí insistiendo y comencé a ayudarles a traerles el balón cuando se iba lejos y acomodando las cosas para que ellos jugaran. Al tiempo me di cuenta de que no querían que permaneciera ahí ya que después de jugar fumaban marihuana.

Un día me animé a probar la marihuana y recuerdo muy bien que me quedé dormido en la cancha durante muchas horas, tantas que mis papas y mis abuelos se extrañaron de que ni siquiera hubiera llegado a comer a la casa. Fue en ese momento que comenzó mi adicción.

Después de la marihuana comencé con el alcohol y seguí con pastillas con efecto de sedación como el clonazepam. Yo pensaba que me sentía muy bien y muy relajado, era muy sociable y cordial, hacía todo para que mi familia no se diera cuenta y, como lo hacía de una manera pausada, sentía que lo controlaba.

En algún momento, quise experimentar más y comencé con el Resistol. Afortunadamente no me gustó y seguí con la marihuana y el alcohol. En el 2000, me fui a vivir a San Diego, California, y fue ahí donde comenzó el principio del fin.

Conocí a una pandilla que cocinaban cristal y piedra, comencé probando ambas substancias y me enganché de manera muy fuerte. Yo trabajaba como repartidor, me sentía muy rápido y con mucha energía, incluso mi patrón se sorprendía de lo veloz con que hacía mi trabajo, terminaba hasta con tres horas de anticipación.

El cristal y la piedra casi cavan mi tumba. Por estas drogas perdí absolutamente todo, vendí todo lo que había a mi alrededor y sucumbí ante el demonio, pues sólo vivía para satisfacer mis deseos de consumir. Pasé de ser cordial y sociable a ser una persona agresiva; ofendí, mentí, pedí prestado sin pagar y dañé a mucha gente a mi alrededor. Lo más triste es que afecté a las personas que más amo y los que más me aman a mí.

Mi mamá y mi esposa me internaron en tres ocasiones en los llamados anexos, tres ocasiones en las cuales me escapé de aquellos sitios, pues definitivamente son contra supervivencia. Me golpearon, no me daban de comer, psicológicamente me maltrataron y éramos tantas personas que estábamos hacinados. Además no te permitían pedir ayuda a tus familiares para que te sacaran, pues te amenazaban y escuchaban tus pláticas durante las visitas.

Seguí mi vida en consumo y cada vez iba más abajo en una espiral descendente, dañando todo y a todos a mi alrededor, mi integridad ya estaba comprometida y mi salud empeoraba, además de que siempre había un riesgo latente de morir por una sobredosis o por un accidente.

Hasta que un día un amigo de mi hermano, quien es piloto aviador, me habló a mí y a mi familia de Narconon y me pidió que me diera una oportunidad. Él me dijo que se trataba de un lugar muy bonito y que te trataban muy bien. Yo no lo quise creer después de la experiencia que había tenido en los anexos.

Un día, volé a Tijuana, Baja California y él iba piloteando el avión. Yo me iba drogando en el baño hasta que me descubrió. Me dijo que tenía 2 caminos: entregarme a las autoridades por el hecho que acababa de cometer o llevarme a Narconon.

Decidí irme a Narconon. Llegamos en medio de la noche y yo sentía miedo porque no se veía nada y, en aquel entonces, el Centro estaba casi en la punta del cerro. Al llegar, me recibió Marisella, la Directora Ejecutiva Adjunta de Narconon México.

Marisella me felicitó por haber decidido darme una oportunidad y que había llegado al lugar adecuado, además me comentó que era totalmente libre al hacer el Programa y que no había necesidad de escapar. Quien ingresa a Narconon está por su propia decisión y voluntad de cambiar su condición de adicción por una de supervivencia para una vida mejor.

  “Durante los primeros pasos del Programa, me di cuenta de que era un lugar en el cual no te maltrataban y que el trato era muy digno, de hecho, no nos llaman ni pacientes ni adictos. Para Narconon somos estudiantes quienes estamos en el proceso de adquirir y aprender nuevas habilidades y formas de vida. Fue en ese momento que mi compromiso con el Programa fue al 100%, incluso en las llamadas y en las visitas mi esposa, mi hija y mi mamá iban notando el cambio.”

Durante los primeros pasos del Programa, me di cuenta de que era un lugar en el cual no te maltrataban y que el trato era muy digno, de hecho, no nos llaman ni pacientes ni adictos. Para Narconon somos estudiantes quienes estamos en el proceso de adquirir y aprender nuevas habilidades y formas de vida. Fue en ese momento que mi compromiso con el Programa fue al 100%, incluso en las llamadas y en las visitas mi esposa, mi hija y mi mamá iban notando el cambio.

Como parte del Programa está el hacer diversos cursos que te sirven para discernir entre lo que es mejor en tu vida y lo que no lo es así como comenzar a resarcir los daños causados. Fue entonces que decidí ponerme en contacto con todas las personas a las cuales había ofendido, mentido o dañado para decirles que había cambiado y que había hecho un Programa que me había liberado de la adicción. Entre las personas a quien llamé fue por quien hoy tengo un maravilloso trabajo y quien me pidió que al salir lo buscara.

Cuando acabé el Programa y que por fin estaba en casa, comencé a unir todos los pedazos para despegar de nuevo. Mi familia aún estaba escéptica y tenía que demostrarles lo mucho que me había cambiado el Programa. Comencé por confrontar todas las situaciones y personas por quienes había iniciado el consumo, les comenté que yo ya no pertenecía a ese mundo y que por favor ya no me invitaran más al suyo, que si querían ayuda para salir de eso con gusto lo hacía.

Comencé un nuevo trabajo y mi primer puesto fue “Visor de la Zona Centro”, no podía creer que de pronto tuve una oportunidad en el mundo del futbol y ahora me encargaría de viajar por los estados del centro para buscar y enviar talento de jóvenes, tanto hombres como mujeres. Durante el tiempo en que estuve en ese puesto, encontré a cerca de 60 jóvenes algunos de los cuales lograron destacarse para estar en Primera División de los principales equipos del país.

Al tiempo me ascendieron a Coordinador de Selecciones Nacional y hoy soy Director Técnico Profesional de Futbol, dirigiendo varias categorías, siendo subcampeón y continuando mi labor de encontrar talento, tanto en México como en Estados Unidos.

También, a lo largo de todos estos años que llevo libre de adicciones, me di cuenta de que me gusta mucho ayudar a la gente. Por ello, aprendí primeros auxilios y me ha tocado reanimar a personas en choques en la carretera o a personas que les ha dados convulsiones en la calle.

Mi compromiso y mi agradecimiento siempre estarán con Narconon. Por ello también he motivado a otros jóvenes a entrar al Programa y a quienes también les ha cambiado la vida.

Hoy soy muy feliz y siempre estaré agradecido con mi familia y con Narconon por darme esta segunda oportunidad de vida, oportunidad que disfruto al máximo.


AUTOR
PG

Paola Garabito

NARCONON MÉXICO

EDUCACIÓN Y REHABILITACIÓN DE DROGAS